
Muchas veces miro hacia atrás intentando divisar el camino que se bifurcó del mío hace tiempo.
Muchas veces es evidente que alguien abandona tu camino y decide seguir su rumbo por otro. Pero otras tantas, cuesta darse cuenta de cómo se aleja una persona.
Aunque cada vez la veas más pequeñita, más lejos y te cueste más trabajo oirla; tú le sigues gritando. Una y otra vez. No te rindes. La esperanza esta ahí.
Soy consciente de cómo se aleja, y duele. Aunque sigo divisándola y veo como avanza, mis gritos le parecen susurros. Susurros a los que ni siquiera atiende. Susurros que escucha como melodía de fondo.
Mis palabras en otro tiempo fueron fuente de sus decisiones, sus consejos me ayudaron a dar importantes pasos en mi camino.
Un día topamos con un puente, pero ya no se si fue ella quién cruzó y me dejó atrás o fuí yo quién avanzó y no quiso acompañarme.
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