viernes, 8 de octubre de 2010

Lo importante en la convivencia


Uno...
Dos...
Tres...
Cuatro...
Cinco...
Seis...
Siete...
Ocho...
Nueve...
Diez...


Respira hondo y cuenta hasta ese bonito número. Es la primera regla que tienes que seguir para lograr una convivencia que pueda calificarse como tal. Y así está extraido de mi gran amiga la wiki:

La convivencia es una forma de vivir que debemos escoger desde muy jóvenes. Para la convivencia positiva es necesario el respeto, el amor, entre otros, debemos tolerar costumbres de otras personas.

': 'El ser humano, tiene dos necesidades sociales básicas: la necesidad de una relación íntima, estrecha con un padre o un cónyuge y la necesidad de sentirse parte de una comunidad cercana e interesada por él. Somos fundamentalmente animales grupales y nuestro bienestar es mucho mayor cuando nos encontramos en un ambiente armónico, en el cual vivimos en estrecha comunión.'

La investigación ha mostrado que cuando estamos solos estamos más predispuestos a sufrir accidentes, enfermedades mentales, suicidio y un amplio espectro de enfermedades. Para la supervivencia es indispensable la independencia y la autoconfianza, pero en el discurrir de nuestra vida no podemos prescindir del apoyo y de la compañía de los otros.

Como señalan ciertos exponentes del existencialismo no puede haber un "yo", sin un "tú". Esta interdependencia social es mucho más que un abstracto concepto filosófico, constituye una necesidad humana fundamental.

Es la condición de relacionarse con las demás personas a través de una comunicación permanente fundamentada en afecto y tolerancia que permite convivir y compartir en armonía en las diferentes situaciones de la vida.


Cada hogar es un propio mundo, como bien dice el propio anuncio tan conocido: "Bienvenido a la República independiente de tu casa".
Ciertamente, no todos los hogares son repúblicas. El patriarca antiguamente imponía su ley, mientras que la mujer manejaba los hilos entre las sombras. Hoy día, la familia pasa cada vez más a ser un resultado del consenso y del acuerdo.
Es en el día a día donde aprendemos los valores más importantes que marcarán cómo funcionará nuestro propio hogar. Porque irremediablemente aquello que aprendamos en casa, lo aplicaremos en el futuro, intentando corregir algunos matices.

La empatía es algo muy importante para una convivencia feliz. Debemos aprender no sólo de las palabras de otros, si no de sus actos y sus reacciones diarias. Acabamos desarrollando una intuición que nos dice cuándo es el mejor momento para hablar con esa persona de algo importante, cuándo debemos darle cariño o cuándo es preferible dejarle su espacio para evitar recibir malas contestaciones. Pero es algo duro de aprender y que nos lleva desde la infancia. Es ahora, a la edad de 21 años cuando he conseguido mantener una convivencia pacífica en casa. Sé cómo abordar un problema, cuándo callarme y ser fléxible en todo lo posible. Ya no hay motivos de peleas, porque las personas que conviven conmigo han aprendido cuáles son mis necesidades, mi carácter y tienen el radar activado en mis mejores y peores días. ¿Cómo saben no dirigirme la palabra cuándo he tenido un día de perros? ¿cómo descubren que estoy enamorandome? Me conocen, y según mi estado, han aprendido actuar en consonancia con él.

Posteriormente, puede darse la situación de tener que convivir con personas que no has elegido tampoco y no conoces de nada. Es el caso de personas que van a vivir a otra ciudad por cuestiones de trabajo o estudios y deciden compartir su espacio vital con otros por motivos económicos. Son los llamados compañeros de piso.
Es ahí donde cobra una especial importancia la tolerancia y el saber contar hasta diez, porque puedes tener suerte... o no. Las primeras impresiones engañan, todos lo sabemos... Pero es algo relativamente pasajero que puede aportarte grandes experiencias tanto si tuviste suerte y coincidiste con maravillosas personas como si diste con personas totalmente incompatibles contigo. ¿No crees?

Comenzar a vivir con tu pareja es otra historia. Es alguien a quien escogiste por voluntad y con conocimiento, alguien a quien quieres y por quien quizás puedes dar a tu brazo a torcer más que por otros. Es algo que creo que hay que probar antes del matrimonio (si está en tus planes) porque quizás resulte un fracaso absoluto. Recuerdo una conocida que se casó hace poco, y me decía que su convivencía sería genial. Ella no tenía la menor duda, había convivido con él algunos fines de semana. ¿Estamos locos? Durante una semana todo puede ser maravilloso, cuando estamos relajados. Cuando llegas de trabajar cansado, sin ganas de nada es dónde se ven los límites de cada uno. Meses hacen falta, incluso años pueden pasar para encontrar el equilibrio y adaptarse uno a otro.
Y si no funciona, siempre existe el divorcio. Así convives contigo mismo, que también tiene su dificultad aunque no lo creamos. Hay personas a las que les aterra la soledad. ¿Será que no se aceptan tal y como son? Estar solo, pensar y ser consciente de que la convivencia es necesaria, pero que al principio de la vida y al final eres un individuo independiente y que debe enfrentarse sólo a ello, da miedo a muchos.

Mil formas de convivencia, mil reglas diferentes y mil maneras de arreglar los desacuerdos. Cada uno puede adoptar los que quiera mientras todos estén de acuerdo. Lo básico son los principios. El respeto, la empatía y la tolerancia. Y nunca, nunca, nunca olvidar contar hasta diez.

lunes, 4 de octubre de 2010

Tuenti obsesión


Me está empezando a dar corage todo el tema de las redes sociales. Me da corage a partir del punto en el cual las personas a mi alrededor se vuelven tuenticansinas.
Si salgo una noche, al día siguiente están todas las fotos subidas: yo con una botella, yo bailando con un amigo, yo cayendome de la silla o con una cara que nadie debería ver jamás. Todos saben dónde fui, con quién estuve y cuántas copas me tomé de más.

El Viernes tuve una cena. He subido tras dos días las fotos que me parecían interesantes y que no me importa que vea la gente. Llevan dos días repitiendome insaciablemente que las suba, que se las pase y que lo haga ya.
Hoy he recibido dos sms preguntandome si pueden venir a recoger el pen a mi casa con las fotos. No he subido todas y cada una de las 160 fotos y las quieren para subir todas y cada una en las que salen. No pienso ni contestar. Estoy cenando y me voy a dormir . No voy a perder mi tiempo pasando fotos a cds y lápices de las narices. Lo haré otro día y espero que no se mueran.

Y como vuelvan a dar por culo (con perdón) cojo y borro todas las fotos subidas, y hasta que no se las pase por la vía convencional se van a tener que echar en agua.
Echo de menos las cámaras analógicas, el carrete y tener que esperar una semana a que te entreguen tus fotos, y si querías copias las pagabas. Abrías el albúm y te pasabas la tarde viéndolas.

Esa gente que se pone de estados: ¡anoche fue la ostia!, ¡mucha tela!... o ya directamente dónde han estado o dónde estan o qué hacen y dejan de hacer...

Cuando estáis reunidos y alguien salta: ¡foto tuenti!
¿No puede ser una foto normal y para el recuerdo? Si no la subes al tuenti para el conocimiento de tus contactos ,¿no vale?
Hay una nueva necesidad en las personas: que todos sepan cuán solicitado eres, cuántos amigos tienes y cuántos grandes planes haces en el fin de semana.

Me tocan las narices.


domingo, 3 de octubre de 2010

TAG

Hoy voy a hacer este Tag que me ha enviado Juno
1. ¿Te llevas bien con tu suegra? Ni bien ni mal. No teniamos una relación demasiado estrecha y había algunas cosas que me chocaban de ella.
2. ¿Cuál es tu reto?Terminar mi licenciatura, aprender idiomas y viajar.
3. ¿Qué le dirías a tu jefe si te tocara la lotería? Pues que soy millonaria, pero que sigo tabajando. No podría estar sin hacer nada, la verdad.
4. ¿qué harías si descubrieras que alguien te está mintiendo? Pues depende quien sea y las oportunidades que lleve dadas, le doy otra oportunidad o intento tacharlo de mi vida. depende tamién la gravedad de la mentira.
5. Si se quema la casa y sólo puedes salvar una cosa, ¿qué salvas? El disco duro con todas las fotos y videos desde que era pequeña.
6. Entras en un sitio con mucha gente, ¿qué haces?Darme la vuelta y buscar un sitio con menos gente.
7. Ves el vaso medio lleno o medio vacío? Pues depende la situación y mi estado de ánimo.
8. Te encuentras con una lámpara mágica, ¿qué tres deseos pides? Salud para los míos y para mí, estabilidad económica y poder seguir sorprendiendome de las pequeñas cosas.
9. ¿Qué te llevó a escribir un blog? Plasmar en algún sitio lo que se me pasa por la mente y que alguien pueda leerme, darme su opinión y ayudar a los que estén pasando por situaciones parecidas.
10. Si fueses un dinosaurio, ¿cómo te llamarías? Pues ni idea, sinceramente no sé anda de dinosaurios excepto por la peli el Valle encantado XD)
11.¿Querrías cambiar algo de tu pasado? Nada. Todo mi pasado me hace ser quien soy en el presente.
12. ¿Cual es tu sueño? Viajar y ser feliz disfrutando de cada pequeña cosa que sucede en mi vida.
13. ¿Qué es lo más vergonzoso que has hecho? Si lo contara me avergonzaría aquí. Mejor no revelarlo.
14. ¿Con qué "1º vez" de tu vida te quedas y por qué? Con el primer viaje que hice sola con mis amigos. Un crucero inolvidable.
15.¿Te acostarías con alguien por una apuesta?No.Siempre pierdo las apuestas...
16. ¿Aceptarías una proposición indecente?Una noche por 1 millón de €. Depende con quien. Pero lo más posible es que sí.



¿Nominar? No nomino a nadie...quien le apetezca hacerlo queda invitado.


sábado, 25 de septiembre de 2010

Todo va a una velocidad de vértigo


Allí estaba ella, esperando en la cola del Burguer King sin saber ni siquiera cómo se llamaba aquel sitio lleno de gente en el que te servían la comida en 5 minutos.
Me preguntó qué juguete daban hoy, a lo que respondí:
-No lo sé señora. No pido el menú infatil desde hace años.
-Pero, ¿qué es lo que se pide aquí?- me preguntó preocupada, pero entre risas- Yo sólo sé que mis nietos querían un juguete que dicen que lo dan aquí. Mi marío quiere huevo con patatas, pero le he dicho que aquí no hay de eso.


En la cola se volvió loca. Se puso tras de mí directamente, y cuando se quedaban cajas vacías decía que la gente se le colaba.
-Pero señora, no se ponga detrás mía. Espere allí a ver cuál queda libre.
-¡Que lío chiquilla! Mira, yo le doy a los niños su hamburguesa y su coca cola y ya comemos nosotros en el bar de la esquina. Con lo bueno que está un plato de potaje, y me cobran aquí por un trozo de pan con un cacho de carne casi 7 euros, ¡Dios Santo!. Con lo poco que cobramos los jubilaos.

Qué gran distancia hay entre su generación y la mía. Algunos han aprendido a regañadientes a manejar el móvil, como mi abuela, que cada dos por tres pregunta cómo mirar quién le ha llamado o cómo se bloquea. Otros incluso se han hecho una cuenta de correo electrónico, como mi otra abuela, que no para de mandar cadenas de mensajes. ¡Cada día me encuentro 4 al menos! Le digo que los veo todos, pero lo cierto es que cuando veo su nombre los borro directamente. No tengo tiempo para parar a leer todo eso y ponerme a ver los power point que me envía. Me pregunta que es eso que le llega para unirse al facebook (pronunciado tal y como se escribe).

Mi madre no entiende mi música. No sabe cómo puedo oir música en inglés si no se entiende nada. No llega a creerse del todo que entiendo las letras, a rasgos generales las más complicadas. Dice que la música de su época era mejor. Tampoco le hacen gracia las chucherias de hoy en día, como ella dice. Han cambiado los precios, si antes con nada podías comprar media tienda y no había tantas cosas raras, el regaliz de toda la vida y ale, marchando.

Mi madre no sabe ni encender el ordenador, y ni quiere. ¿Y si me voy al extranjero cómo hablamos si no sabes manejar el skype? Ya aprenderé, me dice ( y yo tendré que tomar cuatro tilas para poder enseñarte en dos días, porque lo dejarás para el último momento).

Todo avanza de forma rápida. Mi ordenador no tiene ni 6 años y ya está viejo. Mi móvil no es táctil y ni quiero, me vuelvo loca si no tiene botones, no sé escribir mensajes con un lápiz.
Me costó la vida comprender cómo funcionada twitter y saber para qué leches servía; y aprender a manejar spotify con todos sus trucos me costó lo suyo, eso sí, no lo cambio ni por todo el oro del mundo.
Me peleo con el Ipod cada vez que quiero piratearlo, aunque si me lo cargo me da lo mismo, porque me lo encontré en la calle... era de un chino ( y lo sé porque estaba en chino, y tarde horas en cambiarle el idioma). Sí, sé que soy mala. Pero al chino lo había visto hacía media hora en el banco sentado con el cacharro en cuestión, y no hubiera sido capaz de decir de qué chino era. Para mí son todos iguales, quizás la generacion que me siga aprenda a diferenciarlos al convivir con ellos, pero yo soy incapaz. Tengo tres Ipod diferentes, desde el mini que es en blanco y negro hasta llegar al Ipod touch. Me da pena deshacerme de ellos, según mi madre cuando pasen algunos años serán reliquias para coleccionistas. ¿Pero qué hago con ellos? ¿Acumulo Ipods, móviles y portátiles?

Quiero comprarme un lector de libros electrónicos pero no sé cual. Los veo todos iguales. Yo sólo sé que no quiero acumular más libros en casa porque en el cuarto entra un número muy limitado de ellos.
Y ahí voy, luchando con las tecnologías e intentando no quedarme atrás. ¿Acabaré por perderme y no lograr entender cómo funcionan la mitad de los chirimbolos nuevos que salen? ¿Repudriaré la música que oyen mis hijos o conseguiré no quedarme anticuada y que mis oidos se adapten a los futuros nuevos sonidos?

Todo va a una velocidad de vértigo.


sábado, 18 de septiembre de 2010

Incomodidad crónica


Érase una vez una joven que estaba cansada sobre las 4 de la mañana. No tenía más ganas de continuar de cachondeo en la feria. Pero era una cagona. Bueno, lo sigue siendo.
Y si juntamos lo cagona que era con su poca disponibilidad de fondos tras gastarse sus ahorros en su viaje de fin de carrera que había sido apoteósico, caereis en la cuenta de que:
a) Le daba miedo montarse en taxi sola a aquellas horas intempestivas con tanto cafre suelto, y no disponía de dinero para pagarlo.
b) Mucho menos se iba a ir sola en bus, porque aunque era económico, iría acojonada todo el camino.


Así que la solución era la siguiente: esperar que algún amigo quisiera recogerse para ir juntos en el autobús.

Pero los amigos que decidieron volver a casa eran una pareja, y ya sabemos mi consabido problema con las parejas. Mentira, no lo sabeis porque nunca he hablado de ello.
Realmente, mi problema con las parejas viene a raíz de esa noche. O más bien, con esta pareja específica.
No me gusta salir a cenar con una pareja, ni ir a tomar algo. Me siento como un mueble. Es inevitable, pero imagino que es algo medianamente normal. A nadie le gusta ir a pasar un fin de semana a la playa con una amiga y su pareja, ¿no?. Ya sé que quizás estoy chapada a la antigua, pero que vamos a hacerle.

Ir con una pareja en un viaje en coche, quedarme sola con ellos en un momento puntual carece de importancia para mí. Pero con ellos me dí cuenta que era imposible.

Son apasionados, cariñosos y desmedidos. Sumándole a eso mi tristeza crónica que me da en determinados momentos del mes en los que necesito tener alguien al lado para achucharle y mi falta de sueño, estaba bastante sensible y susceptible.

Imaginadme, yo en un rincon del autobús, echada en la ventana, muerta de frío y con sueño; y cuando voy a hablar con ellos para hacer más ameno el viaje, porque si no iba a quedarme sopa allí mismo y de pie, estaban dándose el lote. En mis narices.
Cara a cara se profesaban arrumacos, risas y muestras de cariño. Y yo al lado era como un cero a la izquierda.
"¿Qué hago aquí? Me siento estúpida, sola y cansada. Si siguiera con él hubieramos vuelto juntos y posiblemente me hubiera quedado dormida en su hombro, hasta que me despertase con un beso al llegar a mi parada y me acompañara hasta casa".
Pensamientos de ese estilo fueron los que correteaban por mi cabeza, de un lado a otro, sin parar.

Me bajé sola de la parada, porque ella se quedó dormida en su hombro. Baje de autobús y vestida con el traje de flamenca eché a andar lo más rápido que me lo permitía. Y sola, cagada de miedo, llegué a casa. Dando gracias porque todo aquello hubiera terminado.

Al día siguiente me tocó hacer el mismo viaje de ida y vuelta con otra pareja, pero sin lugar a dudas estuve cómoda.

Así que suelo decirle a ella que estoy incómoda entre parejas, cuando sólo mi incomodidad los concierne a ellos dos. ¿Cómo culparlos de ser cariñosos y apasionados? ¿Cómo decirle a mi amiga que sólo me incomoda ella y su pareja?.
Ella quiere arreglar mi problema, bromea con todo ello. Aunque sé que hay un trasfondo de resentimiento. ¿Cómo obligarme si mi subconsciente hace que me separe de ellos en cuanto empiezan a besarse?

Esto me hace plantearme dudas, ¿qué considerais aceptable en público a una pareja?.
Yo personalmente, pasados los 16-17 años y la euforía del primer amor, considero que una pareja debe dejar ciertos cariños para la intimidad. Ver a dos personas de 25 años dándose el lote en un banco, me impacta. El resto de amigos en pareja, incluso yo cuando la he tenido, nos hemos profesado cariño, pero como vulgarmente se dice no me como la boca con nadie en público ni me sobeteo más de lo debido. Mis principios e ideas vienen de mi madre y de mi familia, aún sin ser religiosos lo consideramos una forma de mostrar respeto. Posiblemente, si investigais un poco, mi opinión sea más bien parecida a la de vuestras madres que a la de vosotros.¿ O me equivoco?¿Qué pensais de todo esto?




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