miércoles, 15 de septiembre de 2010

Convención de los heridos de amor


Os dejo este texto de Paulo Coelho. Me encanta, y quería compartirlo con vosotros. Espero que os guste tanto como a mí.

Disposiciones generales:

A – Considerando que el dicho de que “en el amor y en la guerra todo vale” es completamente verdadero;

B – Considerando que en lo relativo a la guerra contamos con la Convención de Ginebra, adoptada el 22 de agosto de 1864, que determina cómo debe tratarse a los heridos en el campo de batalla, mientras que hasta hoy no se ha promulgado ningún documento que regule la situación de los heridos de amor, muy superiores en número;

Se decreta que:

Art. 1 – todos los amantes, independientemente de cuál sea su sexo, quedan advertidos de que el amor, además de ser una bendición, también es algo extremadamente peligroso, imprevisible, que puede acarrear serios daños. Por lo tanto, quien tenga la intención de amar, debe ser consciente de que está exponiendo su cuerpo y su alma a heridas de muy diferentes tipos, sin poder culpar por ello a su pareja en ningún momento, puesto que ambos corren el mismo riesgo.

Art. 2 – Una vez alcanzado por una flecha del arco ciego de Cupido, debe solicitarse inmediatamente al arquero que dispare la misma flecha en la dirección opuesta, con el objeto de no sufrir la herida conocida como “amor no correspondido”. En el caso de que Cupido se niegue a hacerlo, la Convención que en estos momentos se promulga exige del herido que de manera inmediata se arranque la flecha del corazón y la tire a la basura. Para llevar esto a buen puerto, debe evitar llamadas telefónicas, mensajes de correo electrónico, envíos de flores (siempre rechazadas), o cualquier otra forma de seducción, pues semejantes medios, si bien pueden dar algún resultado positivo a corto plazo, no resisten el paso del tiempo. La Convención decreta asimismo que el herido debe buscar sin falta la compañía de otras personas, así como debe imponerse al pensamiento obsesivo que le dice “vale la pena luchar por esta persona”.

Art. 3 – En el caso de que la herida provenga de un tercero, es decir, que el ser amado se sienta atraído por alguien que no estaba a priori en el guión, queda expresamente prohibida la venganza. En este caso, se permite el uso de lágrimas hasta que los ojos se sequen, así como algunos puñetazos en la pared o en la almohada, o reuniones con amigos donde poder insultar a gusto al antiguo(a) compañero(a), incidiendo en su perfecta falta de gusto, pero sin llegar a difamar su honra. La Convención determina que también se aplique en este caso la regla del Art. 2 que mueve a buscar la compañía de otras amistades, sólo que evitando en la medida de lo posible los lugares que la otra persona frecuenta.

Art. 4 – En lesiones leves, clasificadas aquí como pequeñas traiciones, pasiones fulminantes que no duran mucho, o desinterés sexual pasajero, debe aplicarse con generosidad y rapidez el medicamento llamado Perdón. Una vez aplicada tal medicina, no se debe volver atrás bajo ninguna circunstancia, y el asunto debe ser definitivamente olvidado, no utilizándolo jamás como argumento en una discusión o en momento de odio.

Art. 5 – En todas las heridas definitivas, también conocidas como “rupturas”, el único medicamento que tiene algún efecto se llama Tiempo. De nada sirve buscar consuelo en cartomantes (que siempre prometen el regreso del amor perdido), leer libros románticos (que siempre acaban bien), engancharse a una telenovela o cosas por el estilo. Se debe sufrir con intensidad, evitando radicalmente las drogas, los calmantes o las oraciones a los santos. En cuanto al alcohol, sólo serán permitidos dos vasos de vino diarios.

Consideraciones finales
Los heridos por el amor, al contrario de los heridos en conflictos armados, no son víctimas ni verdugos. Optaron por algo que forma parte de la vida, y deben asumir, por consiguiente, la agonía y el éxtasis de su elección.
Y los que jamás fueron heridos por el amor, nunca podrán decir: “he vivido”. Porque no vivieron.




domingo, 12 de septiembre de 2010

Proposición vía sms


Si hay algo que odio es que pretendan mantener una conversación conmigo via sms. Si tienes varias cosas que decir, llama ¿no?

Mientras no dé señales de vida desaparece casi al 100% de mi cabeza, pero hoy he recibido un sms suyo. Tras enviarnos unos cuantos de ellos, aunque lo odie (¿odio hablar vía sms o también lo odio a él?), ha propuesto un fin de semana juntos en la playa. Pero algo inocente aparentemente, porque queremos ir para ver a algunos amigos en fechas para ellos importantes, sé que puede convertirse en algo más serio.

Y tengo claro que no quiero estar a solas entre cuatro paredes a su lado, no quiero darle lo que está buscando porque ese no es mi interés en él. No quiero ser segundo plato de nadie y creo que sigo siéndolo. No quiero decirle que sí y a última hora recibir un sms con que se cancela todo. No.
Por eso, voy a decirle yo el no, antes de que pueda darmelo a mí. Porque si quiere algo, quiero empezar desde cero, como la gente normal. Y si realmente lo quiere, puede volver a interesarse, como lo hice yo tras recibir alguna que otra negativa.
Tengo mi vida, y no pienso aparcar mis planes (aunque aún no estén hechos) por darle todo el tiempo de un fin de semana a él. Porque él no lo haría si yo se lo propusiera. De hecho, aún no ha accedido a cenar conmigo ninguna noche. Desde que volví de la playa no hemos vuelto a vernos. De vernos 12 horas al día hemos pasado a olvidar nuestras caras y nuestras voces. ¿Y ahora quieres un fin de semana completo? Por mucho que me duela, guapo, se te ven las intenciones. Vas listo.



jueves, 9 de septiembre de 2010

Como gitanos


Mis amigos y yo somos unos gitanos. Y no lo digo en tono despectivo, ni mucho menos. Ya me salvaría de eso.
Lo digo porque tenemos comportamientos que son típicos, tipiquísimos.
¿Nunca habéis entrado a un hospital y habéis visto a la familia completa en urgencias sin moverse de allí todo el tiempo que sea necesario? Y cuando me refiero a familia, no son unicamente padre, madre y hermanos, no. Los abuelos, tíos, primos, tíos abuelos, primos segundos, cuñados y toda familia natural y política que puedas llegar a imaginar.
Allí hemos estado todos hoy. En el conservatorio de danza para apoyar a nuestra amiga la bailarina. Todos mirando por la ventana a ver qué tal lo hacía y convencidísimos de que era la mejor, sin lugar a dudas. Quiere acceder a cuarto pero es imposible casi por las pocas plazas que sacan. Y cuando digo pocas, me quedo corta, porque de pasar a ser 3 se ha quedado en 1; y el año pasado tras hacer las pruebas confirmaron que no había ninguna vacante.
Así que el estrés que le ha ocasionado esto todo el verano y la importancia que tenía para ella ( y por tanto, para todos) ha provocado que allí estuviésemos plantadas más de 8 personas, cuando lo lógico es que te acompañen como mucho dos.

Y no sólo eso, sino que desde las 8 y media de la mañana hemos estado juntos hasta que han dado las 7 de la tarde. Diez horas y media, sí.
Han acabado acompañándome a comprar un chandal todos juntitos, porque he decidido que quiero poner deporte en mi vida. ¿Cuántos años llevo sin practicarlo? Es un misterio, pero no me quedaba bien ningún pantalón del armario. Así que llevo una semana saliendo a hacer footing, que suena más cool, con ropa prestada.


Así que a las siete los dejé solos y me vine a casa, a tirarme en el sofá y leer un buen libro. Porque teniendo amigos así, ¿para qué quiero un novio?.
Bueno, lo quiero por lo que lo quiero. Y no penseis mal, que aunque la primera malpensada soy yo, no van por ahí los tiros.


domingo, 5 de septiembre de 2010

10 Razones para odiarte


  1. Te odio porque a todas horas pienso en ti y tú ni siquiera me recuerdas.
  2. Te odio porque no puedo olvidarte y tú no demuestras amarme.
  3. Te odio porque mi alma se ha quedado vacía de tanto amarte.
  4. Te odio porque te miro y aún me sonrojo.
  5. Te odio porque vive en mí un deseo que tú no sientes.
  6. Te odio porque todo mi amor es sólo indiferencia para ti.
  7. Te odio porque ni una lágrima te mereces y por ti las he llorado todas.
  8. Te odio porque mi locura por ti se queda en amargura.
  9. Te odio porque para mi fuiste todo y para ti yo no fui nada.
  10. Te odio sobre todo porque, aunque lo desearía, ni odiarte un poco puedo.


jueves, 2 de septiembre de 2010

Srta. Exigente


Hola. Me llaman la exigente. Es la nueva moda para mis amigas.

Y dirás, ¿exigente? Pues sí, y te cuento el porqué de la nueva característica que han sumado a la lista de mis rasgos de personalidad.

En cuanto a hombres, me comentan que pido demasiado; aunque yo no estoy de acuerdo.

Pimera exigencia: si has tenido algo bueno en tu vida es lógico que busques algo que lo iguale o que lo supere. Sí, estuve con alguien a quien a día de hoy considero bastante... ¿cortito de mente? Aunque no sé si eso de cortito se queda corto.
Pero se trataba de un ser humano con sus fallos y sus virtudes, y éstas segundas pesaban en aquel momento más que los primeros.
Segunda exigencia: debe ser alguien que te permita hablar de tí al menos un minuto por cita, y que finja interés como mínimo. Aunque si el interés es fingido y te percatas, depende lo que quieras puedes seguirle el royo o a otra cosa mariposa.
Tercera exigencia: debe ser flexible y admitir opiniones diferentes a la propia. No pretender que creas y te convenzas de que su verdad es la única y absoluta, y que todo lo demás está de más o son ideas absurdas.
Cuarta exigencia: no debe repetirte veinte mil veces al día que tengas cuidado y no te enamores de él. Porque él no quiere eso, y hasta ahí de acuerdo. Pero nunca sabes lo que puede ocurrir y odio que me pongan barreras. Y que nunca, nunca comente en tono despectivo que cuando hay pim pam pum, se les va a todas la cabeza y tiene que dejarlas. Pero él es todo un caballero.
Quinta exigencia y por ello no la menos importante: debe ser aseado. Y con aseado no me refiero a ducharse dos o tres veces por semana o cuando entrena. Porque aunque no sude y su olor corporal le encante, si sudas y más si haces deporte debes ducharte; y aunque no sudes y no hagas deporte duchate de todas formas.
Pero peor que eso, no es que te des cuenta de que no se ducha, sino que él mismo lo confirme y alegue que:
Primera de las razones: no suda.
Segunda y más importante: le da corage tener que secarse y vestirse luego.

"Pero cariño, si tanto te importa, cuando quede contigo, me ducho."


Luego me llaman exigente, pero a ver... ¿cómo voy a tener algo con cada garrulo que se me acerque? El problema es cuando sabes lo que quieres y no lo encuentras por ningún lado. Por eso he dejado de buscarlo. Pero porque deje de buscar...no. Me niego a conformarme con especímenes como ese.

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