
Esa frase de la derecha es mentira. Ella nunca me atiborró de historias de amor ideal, pero le encantaban las películas de Disney. Le encantan, mejor dicho. Y yo las veía, una y otra vez, y a ella le encantaba llevarme al cine a ver las nuevas películas de princesitas que aparecían. Sus películas favoritas, se convirtieron en las mias: La Bella y la Bestia, Aladdin. Y las peliculas que odia, se han convertido en las que tampoco puedo ver: Bambi, Alicia en el País de las Maravillas...
Su color favorito, se convirtió en mi color favorito. Es más, el amarillo ha llegado a darme buena suerte, a pesar de las supersticiones.
Pero nunca me vendió ideales, siempre quiso hacerme una mujer independiente y que estudiara. Siempre ha querido que llegue muy lejos, más de lo que ella ha podido llegar. No depender de ninguna persona, no tener que rendir cuentas a nadie, como ella ha tenido que hacer tantísimos años.
Porque somos polos opuestos en muchísimos aspectos. Me saca de mis casillas, yo la saco de las suyas. Pero cuando no está, extraño pelearme con ella.
La necesito en mi vida, aunque mi lema siempre ha sido que nadie es imprescindible. Ni siquiera tu madre.
Siempre seré la niña de mamá, como en su tiempo lo fuí de papá. Se queja de que dependo de ella en muchísimos aspectos aún, pero ella no me deja volar. Hay veces que me cuída como si aún tuviera cinco años, y entonces me enfado, pero nunca deja de hacerlo. Pero hay otras en las que me trata como si tuviera treinta, se fia de mi y jamás cuestiona con quién voy o con quién vengo, a qué hora salgo y a qué hora llego.
Me destapa la cama cuando por las noches llego tarde y en invierno me pone la calefacción, para que al llegar me encuentre la habitación caliente. Pero me da libertad, confía en mí y cuando me voy de viaje se despide de mi diciendome que use preservativos. Esa es ella.
La conozco, me conoce y jamás la cambiaría por otra, aunque nunca se lo haga saber. Le adoro.