viernes, 19 de marzo de 2010

La fresca hierba

Poso mi trasero sobre la hierba húmeda. Inhalo un poco de aire. Limpio, fresco y lleno de sol. Me rindo, y dejo que invada cada hueco vacío en mis pulmones.
Abro los brazos hacia el cielo y me dejo caer hacia atrás. Con seguridad, sin miedo. Conociendo, sin probabilidad de error, que estará ahí todo el tiempo que quiera permanecer descansando sobre ella.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Nuestras charlas trascendentales

A veces, cuando tomamos café, hablamos de hombres, tamaños y posturas.
Otras, de cómo cambiar la rueda de un coche, si dejas escapar gases delante de tu pareja o si bailas y cantas mirándote al espejo antes de meterte en la ducha.
No hay nada más divertido que una conversación aparentemente absurda.
Pero en otras ocasiones, nos adentramos en temas más profundos. Puede que partícipemos todos, o bien sólo reflexionemos las féminas mientras ellos hablan de fúlbol, o viceversa; sólo que nosotras hablamos de hombres, para variar.
Cuando estamos solas nos dedicamos a comportarnos de forma similar a los hombres, pero eso queda entre nosotras. Hacemos pulsos, comemos todo los que nos da la gana y bebemos cerveza.




En esta ocasión salió un gran tema: el feminismo. Una amiga, Ana, comentó que su profesora de Sociología siempre ponía ejemplos enfocados a lo mismo. Y ahí empezamos a cavilar y elucubrar.

Somos diferentes. Nadie puede negarlo. La génetica así lo indica.
Nuestros cuerpos son diferentes, lo que nos recuerda que no procedemos de un molde único. Nuestros cerebros son diferentes, siendo el de la mujer más pequeño que el del hombre, aunque no hay una relación directa entre tamaño del cerebro e inteligencia. Y no quiero entrar en la clásica discusión de que género es más inteligente. Sería absurdo.
Nuestras hormonas influyen en nuestro desarrollo y conductas. Los estrógenos femeninos y los andrógenos masculinos. Mientras que la formación de los órganos sexuales femeninos es un proceso programado, que no requiere de ninguna intervención hormonal, la formación del aparato reproductor masculino no sería posible sin la testosterona que comienzan a producir los testículos recién formados.
Aunque no pretendo hacer de este tema tan complicado, una mera simplicidad. Porque no lo es.
Nosotras dominamos mejor el lenguaje verbal, somos mejores comunicadoras, estamos mejor dotadas para el aprendizaje de idiomas, somos más emotivas y empáticas y podemos realizar múltiples tareas a la vez.
Ellos dominan mejor el espacio, el razonamiento matemático, piensan de forma lineal, separan los racional de lo emocional y no pueden diversificar su atención.
Todo ello a rasgos generales.
Cuando hablamos de feminismo, hablamos de igualdad de derechos y oportunidades. Ya existen desigualdades, no creemos nosotros mismos nuevas diferencias. Esa es la idea.

He entrado en un delicado tema. Hay aspectos sociales muy importantes. Nosotras soportamos la mayoría de la carga familiar y somos nosotras mismas las que nos ponemos el famoso techo de cristal. Llega un punto en que dejamos de sacrificar más tiempo por nuestro trabajo, y preferimos quedarnos ahí para seguir atendiendo nuestras responsabilidades familiares.
La maternidad es un obstáculo visto como algo negativo para la rentabilidad de la empresa: bajas por maternidad. Cuando es algo positivo para la sociedad y lo que nos mantiene en pie.

Un amigo dice que odia a las feministas, que queremos estar por encima de los hombres. No sé a que se debe este odio incondicional. Cuando hablamos de ello, acabamos discutiendo. Es algo automático e irrefrenable.

A quien le guste este tema os aconsejo leer "A la sombra de Lilith", de Carmen Posadas y Sophie Courgeon.

domingo, 14 de marzo de 2010

Lorenzo



Que me pique la piel cuando estoy más de 15 minutos bajo tu poderío.
Que vuelva a tener sentido usar gafas de sol.
Que vuelvas a hacer que me sienta feliz porque sí, y punto.
Que me des ganas de salir y disfrutar del día.
Que no me apetezca estar en la cama, porque ya no hay lluvia que oir ni frío del que resguardarse.

¡Cómo te echaba de menos!
Aunque sé que te volverás a ir en algún momento impreciso y que tu llegada no es definitiva aún... ya al menos apareciste para recordarles a todos que aún seguías ahí; escondido entre las nubes.

lunes, 8 de marzo de 2010

La cuenta atrás

Comienza la cuenta atrás. Queda un mes. Treinta días.
Los nervios comienzan a aflorar, mi cabeza se llena de planes e ideas. El preludio de los preparativos ya está aquí.



Así es el tiempo. Medio año esperando que llegue la fecha, un mes de cuenta atrás y en un abrir y cerrar de ojos, todo habrá pasado y formará parte del recuerdo.
Sólo hay un viaje de fin de carrera, o en mi caso, quizás sean dos. No sé que haré cuando termine este año, pero me gustaría hacer otro ciclo. No sé de qué, no sé dónde. Sólo sé que no quiero pasar aún esa línea imaginaria que marca el fin de una importante y larga etapa.

No quiero pensar que pasará en esos diez dias, ni fabricar sueños imaginarios que no lleguen nunca a cumplirse. Cuando llegue el momento, intentaré saborear cada segundo. Pase lo que pase; ocurra lo que ocurra. Y mientras tanto, estaré disfrutando de las cosas que sucederán mientras espero.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Aparentemente


-Me encantas.- Le dijo él al oido a través de los auriculares, mientras ella hacía prácticas en plató en el papel de presentadora de informativo y él controlaba el sonido.
Bonita frase. Puedes derretirte si escuchas que alguien te dice eso. Incluso puedes llegar a sonrojarte si no te lo esperas como le ocurrió a ella.
Pero, ¿cómo reaccionas si el Romeo ya tiene una Julieta?

¿Qué le ha llevado a eso? ¿Por qué te sientes tú culpable? Porque somos mujeres, y desgraciadamente, tenemos que ser buenas. Es lo que se espera de nosotras y no queremos defraudar a nadie, o al menos, aparentemente.

Porque sin hacer nada, si su actual novia se entera, aunque te llevas genial con ella, cambiará instantáneamente su opinión acerca de tí. Entonces, te sientes incómoda. Eres libre y no tienes ataduras, pero te acaban de atar las manos. Ya no te puedes comportar como antes con él por un simple "me encantas".
Entre lineas has leido que no es sincero a su pareja, que no está conforme y desea más de lo que tiene.
¡Ay amigo! Y si ocurre algo, posiblemente, tú serás el inocente porque tu novia le hará la cruz a ella.

Por lo tanto, si finalmente te harán la cruz,¿ por qué no aprovechar?
Aparentemente tenemos que ser buenas. Los infieles por naturaleza son ellos.
Si eso es cierto, yo soy rubia. Porque la cosa es que, aunque aparentemente seamos buenas, cometamos menos infidelidades y no queramos ser la otra; realmente no somos unas santas, tenemos mala leche, cometemos las mismas infidelidades y si se nos mete un tío entre ceja y ceja somos la otra y todo lo que él quiera. Y lo peor de todo, es que esa mala leche la canalizamos generalmente hacia otras féminas.
Eso es lo peor de ser mujer. Posiblemente quién te ponga la zancadilla sea otra santa como tú.
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